El mundo de xarlie

blog de artículos de opinión

Juan Carlos mete la pata

Érase una vez un estado donde reinaba un rey. Éste rey era muy campechano y hacía gracia a jóvenes y mayores. Había empezado su reinado elegido a dedo (como el resto de reyes) pero se había ido ganando el cariño del populacho. Tras 40 años de dictadura de “El inaugurador de pantanos”, o sea Franco, viendo éste que le quedaba poco, eligió a nuestro protagonista como sucesor. Sin embargo, JC acertó al apostar por la democracia. Hecho que de paso consiguió que se afianzase la naciente restauración monárquica en su persona. A lo largo de su reinado, algún que otro acierto político como parar un golpe de estado en 1981 le dio un aura de inmunidad ajeno a toda crítica a él y a la monarquía.

Los años pasaron y aumentaron su familia y sus canas. Dos hijas y un hijo ha tenido, convirtiéndose su hijo en heredero a pesar de ser el tercero en nacer. Discriminación habitual en las monarquías pues da prevalencia al varón.

Prensa y público en general le tenían y le tienen en estima pero un crisis mundial llegó para arrasar con todo. Lo que antes se toleraba ahora sienta mal, cabrea e incluso provoca indignación. Gran parte del cabreo viene de los privilegios. Los pobres cada vez lo son más y cada vez se sienten más estafados y aguantan menos a ricos o poderosos (habitualmente son los mismos). Tras la estafa de Urdangarín, yerno del rey, a empresas privadas y públicas (o sea a todos), solo nos faltaba enterarnos que el rey, Juan Carlos se accidentaba yendo de cacería en viaje privado. ¡Estoy hasta las narices, ya vale de de tomadura de pelo! Yo tengo vida privada porque no tengo un cargo público pero este señor si y su sueldo lo pagamos entre todos los españoles. No puede ser que coja y se vaya de cacería con la crisis económica, moral y social que arrasa al país y menos pagando sus vicios con nuestros impuestos porque su dinero viene de nuestro dinero, no nos olvidemos.

Por estas razones, las vulgares excusas que ha ofrecido no me las creo. Son un fraude y una tomadura de pelo. ¡Vasta ya! Pero yo ofrezco una solución bien sencilla. Teniendo en cuenta su edad que abdique o sino lo que se tendría que haber hecho hace años: un referéndum entre monarquía y república y que tengamos la institución que decida la mayoría, no la que decidan a dedo.

A modo de conclusión, añado un toque de humor:

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