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La dimisión de Benedicto XVI

Esta semana nos hemos llevado una gran sorpresa, tanto los fieles de la Iglesia católica apostólica y romana como el resto de ciudadanos del mundo. Benedicto XVI, Papa de la Iglesia católica, anunciaba la dimisión de su cargo por razones de salud. Fue elegido Papa en abril de 2005, a los 78 años de edad, edad a la que la mayoría de los trabajadores ya hace tiempo que estamos jubilados. A los 78 años se enfrentaba al cargo más importante dentro de la Iglesia católica siendo el representante de 1.196 millones de bautizados, el 17,5% de la población mundial. Al ser elegido Papa se enfrentaba a una doble función como máximo representante de una religión (la católica) y a la jefe de un estado (el Vaticano) con las dificultades que ambas funciones imprimen. Por un lado, cuestiones dogmáticas, doctrinales y otro lado, lo que hace referencia a cuestiones políticas, económicas, legislativas, etc. de un estado cualquiera.
Su papado ha sido breve, tan solo ocho años, pero le ha dado tiempo para todo. Ha escrito todo tipo de documentos, ha viajado, ha intentado barrer la suciedad en su propia casa (caso Vatileaks y casos de pederastia) e incluso se ha abierto una cuenta en twitter. Además ha mantenido contactos con las iglesias anglicana y oriental para acercarlos al sino de la iglesia buena y verdadera (es ironía) pero me da que sus contactos no han sido muy fructíferos.
Con su dimisión admite no está a la altura física para afrontar aquellas reformas, entre las que se encuentra una verdadera refundación de la iglesia católica, después del escándalo de la pederastia clerical, la carencia de sacerdotes en todo el mundo, las cuestiones no resueltas vinculadas a la sexualidad moderna, como la readmisión en la iglesia de los divorciados católicos. Las reformas del gobierno central y periférico de la iglesia fueron decididas por el Concilio Vaticano II (1963-1965), comenzadas por Paulo VI en 1967, pero quedaron interrumpidas desde entonces.
Y ahora, cansado y harto (esto es sensación mía) coge la puerta y se va a un monasterio a dedicarse a rezar y a darle vueltas a la doctrina que es lo que realmente le gusta; para algo es un reputado teólogo, que no un gestor. Ese papel de gestor quizás le ha venido grande pues el papel de máximo representante de una religión lo iba sobrellevando pero la parte política como representante de un estado, me da que no le iba muy al peso.
No es la primera vez que un Papa renuncia a su cargo pero los anteriores casos son muy anteriores y circunscritos a circunstancias excepcionales pues hasta ahora se había considerado que ser Papa era un “oficio” de por vida. Benedicto XVI ha tenido la valentía de admitir que no se sentía preparado para sobrellevar el peso que su cargo acarrea actualmente.
Ahora el debate es quien lo va a suceder. Alguien más joven o de la misma quinta. Abrimos la elección a candidatos no europeos, o no? Se opta por una elección continuista o por dar un salto al vacío actualizando la institución y reformándola de arriba a abajo. Demasiadas cuestiones pendientes se les plantearán a los obispos electores en la Capilla Sixtina mientras se realice en Cónclave para elegir al nuevo Papa.

Nota: ante la dificultad de cuantificar el número total de fieles del catolicismo, utilizo los datos aportados por la propia Iglesia católica en cuanto a número de bautizados siguiendo el razonamiento de la Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_cat%C3%B3lica

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