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Los escraches tienen que ser pacíficos

Antes de nada, deberíamos definir que es un escrache. Según la RAE, escrachar es una palabra de uso en Argentina y Uruguay que quiere decir: 1) Romper, destruir, aplastar. 2) Fotografiar a una persona.
En la práctica, se acaban transcendiendo ambas definiciones pues se convierte en una reivindicación social nacida de la impotencia y en tiempos de crisis. El objetivo es señalar al culpable, de denunciarlo públicamente. Ya no es tan solo protestar, sino lo que se persigue es hacer escarnio, es decir, demostrar públicamente que una persona o varias personas están actuando de forma incorrecta moralmente y sea visible a la vista de todos. Esta forma de proceder fue iniciada en Argentina por las víctimas de la dictadura por medio de protestas, persiguiendo públicamente a quienes habían perpetuado los crímenes e incluso mediante arte.
En España, desde unos pocos meses, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha recogido y puesto en práctica estas acciones como medida de presión hacia el Partido Popular para conseguir los objetivos que la PAH se propone que se resumen sobretodo en la dación en pago, la paralización de los desahucios y la promoción del alquiler social.
Pero, ¿qué actos realizan exactamente los activistas de la PAH? Se concentran ante el domicilio de alguien, reparten allí papeles, clavan pegativas, etc. todo lo necesario para mostrar públicamente que este político no actúa moralmente. Se intenta que presionarlo para que cambie de opinión mediante el acoso en el puesto de trabajo, en su domicilio o allá donde se halle. Como lo que se busca es hacer una demostración pública de la mala praxis de dicho político, los activistas suelen ir acompañados de medios de comunicación para dar más publicidad a la acción.
La finalidad de las acciones está totalmente justificada sin embargo, no lo están los métodos que se llevan a cabo. Por supuesto que es necesario y de vital importancia denunciar el drama humano de los desahucios pero ¡ojo!, hay que vigilar como se hace. No es lo mismo denunciarlos en el Parlamento o ante los medios de comunicación que ante el domicilio de un político por muy cabrón que sea -que me perdone el macho de la cabra-. Una protesta no debería salir del marco institucional o político, es decir, si hay que protestar y en este caso este claramente justificado, hagámoslo donde procede pero no invadamos la esfera privada violentando a la persona, su familia y su vecindad. Hay que vigilar las formas pues nos pueden perjudicar a la hora de expresar nuestro discurso. Quejémonos y protestemos con energía ante las instituciones y en el ámbito de la política pero no entremos en una vía sin retorno como es la de la persecución del individuo en su intimidad.
Por otro lado, hay que recordar cómo han reaccionado algunos miembros del Partido Popular, el partido más afectado por los escraches, ante las acciones de los activistas antidesahucios. Lo que deberían haber hecho es rectificar y promover políticas en favor del derecho a la vivienda que recoge la Constitución española que tanto dicen defender. Está claro que no son capaces de hacerlo pues consideran que los derechos de los bancos van por delante de los derechos de los ciudadanos y no tienen ningún problema en reconocerlo. Ante esta negativa, podrían haber respondido a los escraches con argumentos o si acaso con el silencio pero no ha sido así. Dirigentes del Partido Popular como Cospedal han tenido la poca vergüenza de llamar nazis y nazismo a quienes perpetúan escraches. No es un asunto sin importancia. Actualmente se define como nazismo a muchas actitudes, sin orden ni concierto. A cualquier cosa se le llama nazi. Parece que hemos olvidado muy rápidamente lo que significó el nazismo. No se puede banalizar así como así lo que fue el nazismo; millones de muertos, una guerra mundial, una verdadera debacle. Pues más de cincuenta años después, políticos como Cospedal han acusado a miembros de la PAH de nazis. Parece que hoy en día todo es válido para descalificar al adversario y desacreditarlo ante la sociedad. Son actitudes que no deben permitirse. De la misma manera que no me parece correcto invadir la intimidad del político que no actúa bien, que no se preocupa por los ciudadanos que representa, tampoco se puede calificar de nazis a quienes le acusan. Ambas acciones son totalmente erróneas.
En definitiva, adelante con los escraches pero que sean pacíficos y en el marco político e institucional.

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