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Carta a los Reyes Magos:

Queridos Reyes Magos, os mando la carta a vosotros más que por costumbre que por otra cosa. Como si fuerais el genio de la lámpara concediendo deseos por doquier. Y mando la carta a los tres porque siempre se había dicho que erais tres: Melchor, Gaspar y Baltasar. Aunque según las últimas investigaciones, no eren reyes, sino magos, ni venían de Oriente ni siquiera eran tres sino que probablemente eran cinco. Es más, según la tradición llevaron oro, incienso y mirra elementos de notable valor en el siglo I a.C. pero que actualmente han perdido bastante valor excepto el oro. Sin embargo, aquí no acaban las novedades pues es evidente que como toda buena empresa multinacional que se precie, el Vaticano ha estado haciendo numerosos cambios recientemente en los últimos tiempos. En especial, el departamento de RRHH del Vaticano ha remodelado la composición del personal del pesebre. Este año que acaba de finalizar, el Papa de Roma va y nos dice que la mula y el buey no pintan nada y que la estrella que vieron los pastores era una supernova. A este paso solo le falta decir que la Virgen no era virgen valga la redundancia. Y luego se quejan de que cada vez tienen menos fieles, si siguen a este ritmo de desligitimar los mitos en que se basa el dogma.
Pero volvamos al asunto en si, mi carta a los Reyes Magos. No sé por dónde empezar. Quisiera pedir tantas cosas que no acabaría nunca así que he hecho un listado previo en el que he separado deseos para mí y deseos colectivos.
– Para mí: salud, dinero y amor como dice la canción de Cristina y Los Stop (1967):
– Para todos: trabajo, mucho trabajo para todos y todas.
Acabar con: corrupción, recortes, deshaucios, pobreza, avaricia de unos pocos que aparan riqueza mientras otros cada día son más pobres.
Impulsar: crear empleo, pensar más en la gente y menos en los bancos, más alegría e ilusión, solidaridad, más imaginación y menos inmovilismo, democracia y libertad.
Parece complicado pero creo que entre todos y con la ayuda de los Reyes Magos, Papa Nöel y demás benefactores navideños, todo es posible. Las pequeñas acciones del día a día pueden ayudarnos a construir un futuro mejor. Un futuro que no está a años luz, sino que con la inmediatez que nos embarga en estos tiempos, es el presente.

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Día de la Constitución

El pasado día 6 de diciembre se celebró el día de la Constitución. La Constitución española fue ratificada en referéndum el 6 de diciembre de 1978 y siendo posteriormente sancionada por el Rey Juan Carlos I el 27 de diciembre y publicada en el Boletín Oficial del Estado el 29 de diciembre del mismo año. La promulgación de la Constitución implicó la culminación de la Transición Española, pasando de la dictadura franquista a la monarquía parlamentaria.
La Constitución española ha sido y es una ley muy importante para la historia de España pues consagró la monarquía parlamentaria, la división de poderes y la estructura territorial con autonomías (estado regional). Sin embargo, como toda ley, la Constitución no debe ser inmutable ni para siempre. Es inconcebible que se mantenga la misma ley que rige los destinos de un estado durante más de treinta años. En toda Europa, las leyes se van adaptando a las necesidades de la población y a las vicisitudes de cada momento pero en España tenemos un miedo exacerbado a modificar la Constitución. Repito es una ley importante, pero es tan solo una ley. Y las leyes se tienen que adaptar a la sociedad y no al revés. Ya es hora de que se elimine la primigenia masculina en la línea de sucesión y que se adapte a las diferentes sensibilidades de las autonomías diferenciando entre regiones y naciones históricas, entre otras cosas.
Es por eso, que ya es hora de adaptar la Constitución a nuestros tiempos y que un hábito no se convierta en un problema que enerva a unos cuantos.

Juan Carlos mete la pata

Érase una vez un estado donde reinaba un rey. Éste rey era muy campechano y hacía gracia a jóvenes y mayores. Había empezado su reinado elegido a dedo (como el resto de reyes) pero se había ido ganando el cariño del populacho. Tras 40 años de dictadura de “El inaugurador de pantanos”, o sea Franco, viendo éste que le quedaba poco, eligió a nuestro protagonista como sucesor. Sin embargo, JC acertó al apostar por la democracia. Hecho que de paso consiguió que se afianzase la naciente restauración monárquica en su persona. A lo largo de su reinado, algún que otro acierto político como parar un golpe de estado en 1981 le dio un aura de inmunidad ajeno a toda crítica a él y a la monarquía.

Los años pasaron y aumentaron su familia y sus canas. Dos hijas y un hijo ha tenido, convirtiéndose su hijo en heredero a pesar de ser el tercero en nacer. Discriminación habitual en las monarquías pues da prevalencia al varón.

Prensa y público en general le tenían y le tienen en estima pero un crisis mundial llegó para arrasar con todo. Lo que antes se toleraba ahora sienta mal, cabrea e incluso provoca indignación. Gran parte del cabreo viene de los privilegios. Los pobres cada vez lo son más y cada vez se sienten más estafados y aguantan menos a ricos o poderosos (habitualmente son los mismos). Tras la estafa de Urdangarín, yerno del rey, a empresas privadas y públicas (o sea a todos), solo nos faltaba enterarnos que el rey, Juan Carlos se accidentaba yendo de cacería en viaje privado. ¡Estoy hasta las narices, ya vale de de tomadura de pelo! Yo tengo vida privada porque no tengo un cargo público pero este señor si y su sueldo lo pagamos entre todos los españoles. No puede ser que coja y se vaya de cacería con la crisis económica, moral y social que arrasa al país y menos pagando sus vicios con nuestros impuestos porque su dinero viene de nuestro dinero, no nos olvidemos.

Por estas razones, las vulgares excusas que ha ofrecido no me las creo. Son un fraude y una tomadura de pelo. ¡Vasta ya! Pero yo ofrezco una solución bien sencilla. Teniendo en cuenta su edad que abdique o sino lo que se tendría que haber hecho hace años: un referéndum entre monarquía y república y que tengamos la institución que decida la mayoría, no la que decidan a dedo.

A modo de conclusión, añado un toque de humor:

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